lunes, 18 de noviembre de 2013

EL VALOR DE LA DISTANCIA


Él se sentó, puso una hoja de papel al frente y abrió el frasco de tinta que ya estaba a medias. Necesitó esperar un momento mientras sus ojos se acomodaban a la luz pobre que proporcionaba la vela desgastada. Aprovecha la espera para organizar sus ideas, pues sabe que debe elegir las palabras perfectas, para impregnar de amor esa carta que tardará más de dos semanas en llegar a su destino, así que necesitará que quede claro que sus sentimientos no harán nada más que crecer durante el viaje de la carta y aún más mientras espera la respuesta. Entre tanto, al otro extremo del planeta se encuentra ella, impaciente y con un corazón que quiere estallar cada vez que alguien toca la puerta, creyendo que es el portador de la anhelada carta.

Para la logística, los tiempos de espera y transporte aumentan los costos, pero reducen el valor de un producto. Si una empresa te ofrece entregarte un lote en un día, mientras otra te dice que tardaría una semana, muy seguramente estarás dispuesto a pagar un poco más por el servicio más inmediato y apreciarás la prontitud de la entrega. Uno creería que este principio aplica para todos los casos, pero tengo noticias, existe un elemento que se ha vuelto instantáneo, tarda sólo segundos en cruzar el planeta de un lado a otro. Pero que por eso mismo ha perdido una gran parte de su valor y significado. La carta.

Como intenté ilustrarlo en el párrafo de introducción, la distancia que recorría una carta antes de ser entregada a su destinatario, hacía que fuera mucho más valorada tanto para quien la escribe como para quien la recibe. El esfuerzo en la redacción era mucho mayor, porque no podían dejarse espacios a malentendidos ya que esto implicaría duplicar o triplicar el tiempo para que el mensaje fuera recibido de la manera correcta. Un enamorado debía plasmar su alma en el papel, utilizando las palabras correctas, para mantener vivo el amor desde la verdadera distancia.

Hoy no usamos ni el correo electrónico para escribirle a los amigos, los únicos textos que redactamos en un correo electrónico son de trabajo, el resto de lo que enviamos son cadenas y reflexiones que son huecas porque sólo te encargaste de rebotarla a tus contactos (nada que ver con una carta personalizada). Y por tu lado, en tu correo personal solo recibes las cadenas que otros te mandan y un montón de correos masivos.

Entonces, como obviamente el correo no sirve para escribirles a tus amigos verdaderas cartas, entonces recurrimos a la mensajería instantánea. ¿Instantánea?, pero si ese concepto no debería existir en la redacción. Por culpa de esa palabra sentimos que hay que escribir de afán, nos tragamos cuantas letras podamos y también nos tragamos una cosa más, el cuento de que el orden de las letras no altera la palabra y nos encontramos con un saludo como este:

- Hla cmo etsas?
- Bn y tu?

Que posiblemente quiere decir:

- Hola, ¿cómo estás?
- Bien ¿y tú?

La pausa, la espera y la distancia han desaparecido, porque sencillamente no hay tiempo para eso. ¿Por qué habría de enfocarme en hablar bien con una persona, si puedo atropellar el lenguaje escrito con cuatro y cinco al mismo tiempo? La poesía y la elegancia no se logran de afán y lamentablemente así nos mantenemos.

Yo no soy el mejor escritor, suelo cometer muchos errores en mis entradas. Pero puedo asegurarles que siempre leo antes de publicar y como respeto a quienes leen lo que escribo, hago lo mejor que puedo para que el texto lo demuestre. Tengo un reto y es lograr publicar una entrada con cero errores. Estoy lejos de eso, pero como me lo propuse, significa que estoy en el camino.

¿Te atreves asumir el reto de escribir sin errores tanto correos, como mensajes de texto, instantáneos, publicaciones, entradas, cartas, etc? Recuerda que aunque seguramente la distancia siempre será menor, podemos detener la devaluación del español.

lunes, 4 de noviembre de 2013

PIRAMIDAL, PERO POSIBLEMENTE NO PIRAMIDE



Sin conocer mucho sobre el modelo de negocio llamado "Multinivel", siempre me bloqueé ante la posibilidad de hacer parte de él, basado en muy poco. Básicamente en información que llegaba a mis oídos de personas cercanas, quienes al final de todo no habían tenido una buena experiencia. Pero seamos honestos, la mala experiencia de unos pocos, no implica que todo un sistema esté mal, sobre todo en este tipo de sistemas donde se requiere de unas características tan puntuales.

Entonces, como siempre he creído que uno no puede criticar ni opinar de algo que no conoce, me puse en la tarea de investigar, leer opiniones de expertos en finanzas y sobretodo quise escuchar a una de las fuentes bibliográficas utilizadas por los predicadores de esta corriente, Robert Kiyosaki (quién por cierto no obtuvo su dinero por este medio).

lunes, 30 de septiembre de 2013

CARTA 2



* ¡Advertencia!, la presente carta puede herir los sentimientos de algunos conductores. Para evitar ofender a aquellos conductores de servicio público verdaderamente conscientes de la responsabilidad que tienen en sus manos al manejar su vehículo, aclararé que esta carta va dirigida esas personas que pertenecen por lo menos a uno de los siguientes grupos:

  • Los que manejan alcoholizados o drogados.
  • Quienes creen que son más hábiles porque pueden manejar y chatear al mismo tiempo.
  • Los que creen que el cinturón de seguridad es para evitar multas.
  • Aquellos que juran tener poderes vampíricos y no necesitar dormir.
  • Los que no entendieron para qué eran los “audífonos” que venían con el celular.
  • Los que tienen más afán que el pasajero.
Ahora sí vamos con la carta.

Temido Sr. Conductor de Transporte Público (Taxista o Busero)

lunes, 23 de septiembre de 2013

TU REUNIÓN



Cuando era un niño de unos seis años, conocí a un niño muy soñador que solía jugar a que rescataba a sus amiguitas de un gran peligro, era un tanto llorón y a veces algo insoportable, aunque no era el mejor estudiante, tenía buenas notas y cuando grande quería ser beisbolista. Cuando mi familia decidió cambiarse a vivir en la ciudad dejé de ver a aquel pequeño, pero en cambio comencé una amistad con un niño que me daba un poco de lástima porque siempre era el último en entender los chistes y generalmente caía en las trampas de nuestros otros compañeros. Muchas veces traté de defenderlo pero siempre terminaba empeorando las cosas. A los doce años dejé de verlo y me hice amigo de un niño desaliñado que creía ser un gran conquistador, él era muy mal estudiante y tenía una influencia muy negativa en mí así que mis padres decidieron cambiarme de colegio para evitar que perdiera el rumbo. En el nuevo colegio intente seleccionar mejor mis amistades y así conocí a varias personas más: al que perdía muchas materias pero se las arreglaba para no perder el año, el amigo universitario que fue atropellado por las materias del primer semestre, a alguien que sabía muy bien cómo moverse en la universidad y entendía muy bien cómo se puede estudiar y aprender mucho aunque no se saquen las mejores notas. También aprendí de un ingeniero autodidacta, copié las ideas de un emprendedor muy apasionado. Lo divertido es que todas estas personas nacieron el mismo día que yo, tienen mí mismo nombre y son idénticos a mí.

lunes, 9 de septiembre de 2013

"TRAUMAS" NECESARIOS



Subes al metro, estás estrenando un pantalón blanco impecable y hay una silla vacía, aprovechas para sentarte pues sabes que el día será largo. Al final del viaje llegas a tu trabajo y una de tus compañeras te dice “te ensuciaste el pantalón”. Seguramente no hará falta nada más para estropear tu día.

Tienes que contarle algo a tu mejor amigo, es muy importante y necesitas de la atención completa. Tratan de alejarse de los demás para no ser interrumpidos, es la hora de almuerzo, así que no están haciendo nada malo, pero a ese compañero entrometido e inoportuno le cuesta trabajo identificar que no es bienvenido e impone con el volumen alto de su voz un nuevo tema, que no tiene nada que ver con lo que estás hablando. Decides ignorarlo, pero él no reconoce el rechazo y aunque lo haga, prefiere hacerse el de la vista gorda ya que no soporta la idea de no ser escuchado.

Estarán de acuerdo en que ninguna de las anteriores situaciones es agradable, nadie puede decirme que le gusta ser interrumpido o sentarse en un lugar que debería estar limpio pero no lo está. ¿Te agrada cuando la compañera histriónica llega gritando lo magnifica o desastrosa que es su vida dependiendo de las cosas más triviales que le pudieron suceder?. Bueno pues todos estos sucesos tienen una historia, una explicación que facilita entender que todo pudo haberse evitado.

Por ejemplo, si hablamos de la silla sucia, pues antes de que te sentaras debió haber alguien que la ensuciara. Seguro has notado a esos papás que con tal de no oír llorar a sus hijos permiten que hagan lo que quieran o peor, esos que directamente los llevan a pararse en los asientos porque saben que les gusta y no tienen el menor interés por inculcar normas. Ese compañero que te fastidia y se cree invitado a las conversaciones más privadas, seguramente fue un niño al que no le enseñaron a respetar el espacio de los demás.

La palabra “trauma” no la uso por gusto, resulta que muchas personas creen que si corrigen a sus hijos y les inculcan normas, los van a traumatizar. Son muchas las personas que confunden autoridad con maltrato y guía con verdugo. El título se debe a que quiero lograr un mayor impacto en los padres que creen que al dejar que sus hijos hagan lo que quieran, les están haciendo bien.

Esas personas que no soportamos, que se meten en la fila, que escupen en la calle, sobornan, hacen trampa, eructan en la cara de sus acompañantes, rayan en cualquier parte diferente al papel, destruyen lo que no les pertenece, usan sin preguntar al dueño, se hacen los dormidos para no ceder el puesto, usan a su amigo médico para que le dé una incapacidad, en fin, esas personas que parecen no notar que perturban a los demás y hacen imposible la convivencia, son aquellas que carecieron de padres “traumatizantes” que les ayudaran a entender que hacen parte de un gran sistema llamado humanidad y que hay normas que hay que cumplir, no por capricho sino porque incumplirlas implica atentar contra los otros miembros de la sociedad.

No me estoy basando en ninguna teoría de pedagogía o por lo menos no de forma consciente, estoy usando el sentido común que me dice que hay cosas que son molestas y que no hace falta esperar a que se cree una ley que las prohíba para dejar de hacerlas. Pero como lo aprendí de una persona de la que tristemente nunca supe el nombre “El sentido común es el menos común de los sentidos”.

En vez de gastar tiempo tratando que tu hijo sea el futbolista que tu no fuiste, enséñale que su bienestar no puede ser la causa del malestar de los demás.

lunes, 2 de septiembre de 2013

FAMILIAS APLAZADAS



En una entrada anterior abordé una problemática que tiene un efecto negativo en la familia y por ende en la sociedad, el desplazamiento. Sin duda es una tristeza ver los atropellos que deben soportar las familias de campesinos trabajadores, pero como lo dije en aquella publicación, después de todo “Su único escudo es la familia, afortunadamente es impenetrable”, pues es de esa unión perpetua que brinda la sangre, de donde sacan las fuerzas para enfrentarse al mundo. Mientras escribía esa publicación, se me ocurrió plantearme una problemática que más allá de tener un efecto negativo en la familia, lo que logra es evitar de una vez que esta exista, el aplazamiento.

Al parecer los padres de los que nacimos entre los ochentas y noventas dejaron de creer en esa frase que dice: “Todo niño viene con el pan debajo del brazo” y por eso, con mayor razón, nosotros prácticamente desconocemos el porqué de esta afirmación y de ahí que casi que tenemos una lista de requisitos materiales para poder “planear” tener un hijo.

Los que hoy somos jóvenes, anteponemos miles de cosas al proyecto de una familia. Nos excusamos en que hay que estudiar, tener un buen trabajo y disfrutar de la libertad.

domingo, 25 de agosto de 2013

FAMILIAS DESPLAZADAS



Por: Carlos Orrego (@Caorregob)

El desplazamiento forzado ha sido un fenómeno que en ningún contexto podría verse como positivo. Si bien la migración podría deberse a razones puramente económicas donde quien migra tiene la posibilidad de elegir, el desplazamiento forzado sólo sería asociable con le elección entre la vida y la muerte. Las principales causas de desplazamiento están ligadas a amenazas de muerte, enfrentamientos constantes, pérdidas por atentados, entre muchas otras, todas negativas y violentas.

Los campesinos deben enfrentarse a un reto, donde hay que adaptarse a un mundo nuevo, una ciudad que lo máximo que está dispuesta a hacer por ellos es permitirles vivir en el patio de atrás, comiendo las sobras que deja una sociedad consumista que vive al ritmo que el mercado lo impone. En el mejor de los casos trabajarán por un mínimo, pues su sabiduría no es aplicable a la ciudad y aunque sus conocimientos del campo son vastos, son tildados de ingenuos e ignorantes; a ellos les enseñaron a respetar la tierra porque de ella se podía obtener lo que necesitaran para vivir, fueron dueños y maestros de la palabra “sostenible” pero nadie de la ciudad les preguntó qué era eso y cada quien se inventó un significado que se ajustara a sus campañas publicitarias. Pero con el salario que reciben a duras penas lograrán mantenerse en pie, calmar el hambre aleatoriamente y pagar los pasajes para poder seguir trabajando.