sábado, 29 de octubre de 2011

DESTINO


¿Y qué sería de mí...

Sputnik-Summer Camp (Russia) by Carlos Orrego

...Sin tan sólo esas cosas que hasta hoy han sucedido no se hubieran dado?.

Antes de pensar en el destino, propongo algo mucho más fácil, pararnos en el presente, ¿preferirías pensar que el haber llegado a este punto de tu vida se debe a una serie de si y no, acciones y omisiones? o quizá sea más cómodo creer que sin importar lo que hiciste o dejaste de hacer, estaba escrito que llegarías a este punto y que nada pudo haber cambiado esta realidad. Tendemos a preguntarnos como sería el presente si el pasado hubiera sido diferente, o como variaría el futuro si de dos opciones eligiéramos una o la otra.

Pensarnos como dueños de nuestro futuro, nos lleva a actuar con mucha precaución porque sabemos que el más mínimo error puede ser el causante de un fracaso. El problema de esta forma de pensar es que requiere de mucha concentración, de pensar dos veces y tener la suficiente creatividad para medir las consecuencias del actuar; es ahí donde entra la antítesis “al que le van a dar... le guardan”, ¿por qué no pensar que hay quienes nacen con estrella y quienes nacen estrellados?, ¿para qué estudio si nací pobre y pobre me voy a quedar?. No intento atacar a quienes creen en el destino, más adelante se darán cuenta que no defino aún si creer en él o no.

Ahora, pensar en el control total de las riendas de ese caballo desbocado que llamamos día a día es una ilusión bastante idílica, pero qué tal si no importa, que tal si el libre albedrio fuera sólo una idea similar a las hadas y los gnomos, qué tal si esa idea aparente de poder elegir el futuro que queremos fuera sólo eso, una fachada que deja caer la culpa de todo lo que sucede sobre una serie de decisiones bien o mal tomadas.

Pese a la complejidad de demostrar su existencia, el destino es una idea latente que habita en las mentes de aquellos menos calculadores, de esos que viven su vida sin preocuparse por el mañana porque creen que simplemente lo que ha de pasar pasará.

Como ya les había dicho, aún tengo mis dudas sobre si soy creyente o no del destino, les explicaré porqué. Ante el fracaso, prefiero pensar que simplemente “no era para mí” culpando al destino porque la idea de que hice todo lo que estuvo en mis manos para triunfar pero él se encargó de que no fuera así, es mucho más refrescante que aceptar que algo me falto, que cometí errores y que por pereza o miedo deje perder una gran oportunidad. Por otro lado, cuando triunfo el destino no existe, yo soy el “putas” y lo que hice estuvo tan bien que fue por eso que lo logré, soy un estratega que supo dar los pasos correctos; no hay destino, sólo mérito.

Después de estas líneas quisiera retomar algo que le dije alguna vez a una persona muy importante “Como yo lo veo, si el destino está escrito, es sólo un borrador y somos nosotros con nuestras decisiones los que editamos las partes que irán o no en nuestras vidas”, no debería importar si existe el destino o no, siempre que exista la posibilidad de hacer que las cosas en nuestra vida y la de los que hacen parte de ella sean mejores, deberíamos tomar la decisión de actuar de acuerdo a aquello que queremos, porque el mejor camino a la felicidad es definir lo que se quiere y actuar acorde a ello. Y recuerden la felicidad también es contagiosa, ¿nunca has sentido la paz que trae saber que tu mejor amigo es feliz?.

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