martes, 9 de julio de 2013

NIÑOS ETERNOS



Durante esta entrada mencionaré términos con los que no estoy totalmente familiarizado, quiero aclararle a mis amigos psicólogos que no pretendo metérmeles al rancho y que admiro y respeto su carrera. Solo quiero aprovechar alguna información que encontré en Internet para desarrollar un tema que me ha tenido algo pensativo en los últimos días y es el del Puer aeternus (Latín para niño eterno). Así que de antemano pido disculpas por los errores que espero que no pasen de ser ortográficos y de interpretación.

¿Alguna vez has ido caminando por la calle y ves que delante de ti hay un joven que va inflando pecho y al adelantarlo te das cuenta de que tiene las mismas arrugas que tu papá?, no te sientas mal, eso era quizás lo que él quería. Lo triste es que él quisiera que el efecto fuera eterno y que su piel estuviera acorde con su madurez y su camiseta apretada, pero al parecer nadie le ha informado lo contrario.

El síndrome de Peter Pan, como es comúnmente conocido, al parecer no ha sido reconocido por la Organización Mundial de la Salud como un desorden psicológico [1], aunque los casos cada vez son más. Básicamente lo definen como la negación a aceptar las responsabilidades propias de la adultez aun cuando se han superado por mucho los treinta años.

Algunas características con las que se les asocia a las personas que viven bajo este “síndrome” [2], incluyen, la notable negación a abandonar la comodidad de la niñez, la inseguridad escondida, el vestirse como adolecentes y lo incontrolables que son sus sentimientos. Pero es aquí donde ya no me cuadra el término aplicado a este síndrome, pues resulta que Peter Pan se ve como un niño, no sólo vive como tal, el en realidad está representado como un infante que permanece de esta manera y por esta razón se ve acorde a su negación a ser adulto. Pero como les dije anteriormente eso no pasa en la vida real, te puedes aferrar tan fuerte como quieras a la niñez y no lograrás evitar envejecer, tu cuerpo seguirá su proceso natural así la mente no lo quiera.

Entonces, siendo consciente de la enorme diferencia visual entre Peter Pan y estos niños eternos, recordé algo más cercano en términos de apariencia, la película dirigida por Francis Ford Coppola “Jack” [3],en la que Robin Williams representa a un niño cuyo cuerpo envejece cuatro veces más rápido de lo normal, aparentando así cuarenta años cuando en realidad sólo tenía 10. En este caso Jack es un niño atrapado en un cuerpo adulto, que es básicamente lo que veo en los niños eternos, con la pequeña diferencia de que Jack no tenía otra opción, ¿será que los niños eternos si la tienen?.

En la película “Jack”, mientras los médicos explican a los padres lo que está sucediendo con el recién nacido, mencionan un reloj que controla el desarrollo del cuerpo y que para el caso del protagonista va más rápido. Caso que en realidad es contrario al de quienes se niegan a madurar, pues para ellos el reloj biológico no se aceleró, sino que el mental se detuvo completamente, pero a larga se obtiene un resultado muy similar, una persona de apariencia adulta comportándose como un niño o en el peor de los casos como un adolescente (¿qué edad podría ser más complicada y problemática?). Lo cierto es que así como en la película no logramos conocer a un Jack con la madurez de un hombre de treinta años (porque su cuerpo tendría 120 años), me temo que tampoco lograremos conocer los pensamientos maduros de los niños eternos.

No es que yo considere que haya que desaparecer al niño interno, simplemente es cuestión de saber que partes deben permanecer de él y que partes no. Por ejemplo, la ropa, es algo que no se debería conservar de la niñez, no hay forma en la que una persona se vea mejor que vistiendo ropa acorde a su edad. Otros ejemplos de lo que no se debe conservar son los berrinches, la irresponsabilidad y sobretodo el cordón umbilical.

Y para ilustrar algo que me parece muy importante de conservar, recurriré de nuevo a “Jack”, pero en este caso al ensayo de Louie (el mejor amigo de Jack), ensayo dedicado a lo que él quiere ser cuando grande, donde afirma que quiere ser como Jack, y dice: “es como si viera todo por primera vez”.

De nuestro niño interno deberíamos conservar la capacidad de asombrarnos todos los días, las sed de conocimiento y el poder ser felices con los pequeños detalles que la mayoría de veces son los más importantes y los que perduran más tiempo.

Referencias:

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