martes, 16 de julio de 2013

UN LEGADO AJENO



Por: Carlos Orrego (@Caorregob)
En los últimos días me estuve preguntando la razón por la que busco comprar diarios impresos. Y es que me di cuenta de que soy capaz de buscar por varias cuadras un diario en especial cuando tengo el antojo. Pero a la vez rechazo los diarios gratuitos que me ofrecen en la calle y leer el diario en Internet no satisface la necesidad que tengo en ese momento, lo que quiere decir que no busco sentir el papel, ni quiero enterarme de las noticias.

Después de darle vueltas a la idea en busca de una explicación llegué a una conclusión: Me quiero aferrar al legado de nuestros padres y abuelos. Me asusta ver a mi alrededor y darme cuenta de que el legado que estamos dejando no es más que montañas de electrodomésticos desechados y de silicio y litio malgastado en aparatos de autodestrucción programada.

No he encontrado el objeto o idea al que pueda aferrarme como símbolo de mi generación, porque todo es tan frágil que dudo que nos sobreviva. No hay una ideología política, una marca estable en convicciones, un objeto durable, del que pueda estar seguro de que me acompañará toda la vida y del que se enterarán y admirarán los que vienen.

Pero no soy el único que mira con admiración al pasado (dejando a un lado el punto de vista ambientalista). Me refiero a que como yo hay personas que nunca se aburrirían de recibir un libro físico como regalo. Los libros, que son un invento viejo pero que contrario a lo que muchos pronosticaron siguen ahí, han sobrevivido más de una generación y aun así enterrarán a la nuestra. Pero se pueden imaginar lo que pensaría un adolescente si le regalaran un modelo de Ipod de cinco años atrás, seguro no lo vería con buena cara.

Estoy hablando de esas personas que buscamos un símbolo que nos sirva de conexión con el pasado. En realidad estoy hablando de muchas personas, o cómo se explica que alguien compre una super cámara, con más megapíxeles de los que en realidad necesita (sin entender para que sirven), lentes perfectos, sensores de alta definición, decenas de modalidades de disparo, para cargar sus fotografías en aplicaciones de Internet en las que deterioran la calidad para darle un acabado envejecido, que le da apariencia de instantánea o sepia. Créanme, obtendrían el mismo resultado si envejecieran una foto tomada con una cámara de la gama más baja que encuentren en el mercado.

Pero como en realidad no es posible desligarnos de las ganas de consumir la última tecnología y tampoco de esa admiración por el legado que lograron crear nuestros viejos, entonces hay que buscar una forma de permanecer atados a las dos, mientras encontramos ese legado que queremos dejar nosotros y por el cual seamos reconocidos por décadas.

Puede ser que algún día encontremos ese símbolo positivo de nuestra generación y nos podamos aferrar a él hasta que estemos viejos. Así como nuestros abuelos fueron liberales o conservadores hasta la muerte, tuvieron el reloj al que le daban cuerda aun cuando hacía años se habían inventado los de pilas o se sentaron a llenar el crucigrama de domingo con palabras que ya se sabían de memoria y a leer el diario mientras criticaban a cuanto político se encontraban, recordándonos que todo tiempo pasado fue mejor.

2 comentarios:

  1. Es totalmente cierto lo que dices! Pareciera que las cosas antiguas se valorizan mientras que las nuevas, pierden valor con cada segundo que pasa. Por lo menos yo, tengo un reloj viejísimo que no vendería ni regalaría por nada!

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    1. Son símbolos de la historia a la que estamos ligados, mientras que la mayoría de las cosas nuevas están diseñadas para ser pasajeras.

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