domingo, 25 de agosto de 2013

FAMILIAS DESPLAZADAS



Por: Carlos Orrego (@Caorregob)

El desplazamiento forzado ha sido un fenómeno que en ningún contexto podría verse como positivo. Si bien la migración podría deberse a razones puramente económicas donde quien migra tiene la posibilidad de elegir, el desplazamiento forzado sólo sería asociable con le elección entre la vida y la muerte. Las principales causas de desplazamiento están ligadas a amenazas de muerte, enfrentamientos constantes, pérdidas por atentados, entre muchas otras, todas negativas y violentas.

Los campesinos deben enfrentarse a un reto, donde hay que adaptarse a un mundo nuevo, una ciudad que lo máximo que está dispuesta a hacer por ellos es permitirles vivir en el patio de atrás, comiendo las sobras que deja una sociedad consumista que vive al ritmo que el mercado lo impone. En el mejor de los casos trabajarán por un mínimo, pues su sabiduría no es aplicable a la ciudad y aunque sus conocimientos del campo son vastos, son tildados de ingenuos e ignorantes; a ellos les enseñaron a respetar la tierra porque de ella se podía obtener lo que necesitaran para vivir, fueron dueños y maestros de la palabra “sostenible” pero nadie de la ciudad les preguntó qué era eso y cada quien se inventó un significado que se ajustara a sus campañas publicitarias. Pero con el salario que reciben a duras penas lograrán mantenerse en pie, calmar el hambre aleatoriamente y pagar los pasajes para poder seguir trabajando.

Su único escudo es la familia, afortunadamente es impenetrable. Un hijo siempre será un hijo, así el afán de tener lo lleve por el camino en el que ya no se aprieta la ubre sino el gatillo. Una madre seguirá siendo una madre, así tenga que mandar a sus hijos a dormir con el estómago vacío. Y la hermandad se extiende más allá de la sangre, porque a diferencia de la crema y nata, ellos si conocen a sus vecinos, los protegen y ayudan. La familia es el barrio.

Lo que sí es permeable es la cultura. Del campesino ya queda muy poco, pues ser montañero dejó de ser un orgullo para muchos. El miedo al rechazo los obligó a adoptar otras costumbres, a reírse de otro tipo de chistes. Para protegerse debieron aprender a ser maliciosos pues se cansaron de ser abusados.

Yo no viví en el campo, pero si en un pueblo y no fui desplazado, sino que migré a la ciudad, pero me atreví a hablar de este triste tema, porque conocí la historia desde un punto de vista diferente al de la mayoría de quienes están leyendo, porque conocí la historia del que se iba, el que abandonaba sus cosas, dejaba a sus amigos en medio de la noche si poder despedirse y no la historia del que llega, para muchos, a afear la ciudad y a generar delincuencia. Escribo porque quiero protestar ante el que olvida la historia y cree que la ciudad apareció de la nada y no reconoce que el crecimiento también se debe al trabajador que fue campesino.

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