lunes, 30 de septiembre de 2013

CARTA 2



* ¡Advertencia!, la presente carta puede herir los sentimientos de algunos conductores. Para evitar ofender a aquellos conductores de servicio público verdaderamente conscientes de la responsabilidad que tienen en sus manos al manejar su vehículo, aclararé que esta carta va dirigida esas personas que pertenecen por lo menos a uno de los siguientes grupos:

  • Los que manejan alcoholizados o drogados.
  • Quienes creen que son más hábiles porque pueden manejar y chatear al mismo tiempo.
  • Los que creen que el cinturón de seguridad es para evitar multas.
  • Aquellos que juran tener poderes vampíricos y no necesitar dormir.
  • Los que no entendieron para qué eran los “audífonos” que venían con el celular.
  • Los que tienen más afán que el pasajero.
Ahora sí vamos con la carta.

Temido Sr. Conductor de Transporte Público (Taxista o Busero)


Durante mucho tiempo he venido reprimiendo las ganas de estallar cada vez que debo utilizar su servicio*. Hoy he decidido sacar provecho a esta herramienta, que me facilita hacerle llegar este mensaje de protesta.
Antes de que continúe leyendo, me gustaría pedirle el favor de leer de nuevo los grupos a los que va dirigida esta carta*, ya que es posible que no merezca lo que a continuación voy a decir, pero si cumple con una de esas condiciones me alegrará que siga leyendo, para que entienda cosas que aún no ha comprendido.

Son muchas las veces que pasajeros como yo hemos confiado nuestra vida a usted. Cuando ponemos la mano o llamamos para solicitar su servicio, ponemos en sus manos no sólo nuestra vida, sino nuestra tranquilidad y la de nuestras familias. No es una exageración decir que usted podría ser el héroe que nos lleva a nuestros destinos con toda comodidad, pero en realidad ha decidido ser el villano al que se le podrían atribuir momentos de tortura e incluso algunas muertes.

Con la esperanza de poder evitar los peligros de la calle, utilizamos un taxi que bien podría superar cualquier iglesia de cualquier religión, en número de oraciones que se dicen. Qué bueno sería que sus vehículos llevaran una etiqueta que dijera: “El peligro de la calle, soy yo”

No se puede decir que su irresponsabilidad se debe a la edad, pues he visto conductores incapaces de pensar en el bienestar de sus pasajeros, tanto jóvenes como adultos.

Para todos ustedes explicaré cuatro cosas que son fundamentales, pero que el que les tramitó el pase de conducción no les dijo:

  • El cinturón de seguridad está diseñado para proteger vidas, no para repeler multas. Al ser quien tiene el control de la máquina, es usted quien debe estar más seguro ya que es la única persona que podría hacer que un accidente sea menos grave.
  • Elija si quiere trabajar o chatear. Mientras esté sentado al mando de un vehículo, sus manos deben estar en función de manejar. En caso de tener que reaccionar repentinamente a un obstáculo, lo hará más efectivamente si su mirada está en la vía y no en los mensajes de amor de su novia (esposa). Si ella necesita que le hable cada cinco minutos, entonces deberá cambiar de novia o de trabajo, porque en este está arriesgando la vida de otros.
  • Su familia preferirá tener un padre que no lleva tanto dinero, pero que llega a su casa con suficiente tiempo para compartir con sus hijos y poder dormir el tiempo recomendable; a un padre que ha matado a alguien porque se quedó dormido, pero que solía llevar mucho dinero. Dormir en su casa cómodamente también es parte de su trabajo. Su responsabilidad es manejar siempre en óptimas condiciones.
  • Los celulares se inventaron para acortar distancias, no vidas. Nadie le está pidiendo que se invente un aparato sofisticado que le permita hablar sin tener que usar las manos, ese ya se lo inventaron. Es más, seguramente está aún guardado en la caja de su celular, búsquelo y utilícelo. Si no lo tiene, pues cómprelo. Le aseguro que es más barato que el arreglo de un rayón, si es que está de suerte y eso es lo único que le pasa.
Seguramente con esta carta despertaré la furia de unos cuantos, pero si después de leer esta carta, algún conductor decide cambiar sus malos hábitos, me sentiré bien porque sé que indirectamente he mejorado la calidad de vida de muchos pasajeros.

Muchas gracias.

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