lunes, 9 de septiembre de 2013

"TRAUMAS" NECESARIOS



Subes al metro, estás estrenando un pantalón blanco impecable y hay una silla vacía, aprovechas para sentarte pues sabes que el día será largo. Al final del viaje llegas a tu trabajo y una de tus compañeras te dice “te ensuciaste el pantalón”. Seguramente no hará falta nada más para estropear tu día.

Tienes que contarle algo a tu mejor amigo, es muy importante y necesitas de la atención completa. Tratan de alejarse de los demás para no ser interrumpidos, es la hora de almuerzo, así que no están haciendo nada malo, pero a ese compañero entrometido e inoportuno le cuesta trabajo identificar que no es bienvenido e impone con el volumen alto de su voz un nuevo tema, que no tiene nada que ver con lo que estás hablando. Decides ignorarlo, pero él no reconoce el rechazo y aunque lo haga, prefiere hacerse el de la vista gorda ya que no soporta la idea de no ser escuchado.

Estarán de acuerdo en que ninguna de las anteriores situaciones es agradable, nadie puede decirme que le gusta ser interrumpido o sentarse en un lugar que debería estar limpio pero no lo está. ¿Te agrada cuando la compañera histriónica llega gritando lo magnifica o desastrosa que es su vida dependiendo de las cosas más triviales que le pudieron suceder?. Bueno pues todos estos sucesos tienen una historia, una explicación que facilita entender que todo pudo haberse evitado.

Por ejemplo, si hablamos de la silla sucia, pues antes de que te sentaras debió haber alguien que la ensuciara. Seguro has notado a esos papás que con tal de no oír llorar a sus hijos permiten que hagan lo que quieran o peor, esos que directamente los llevan a pararse en los asientos porque saben que les gusta y no tienen el menor interés por inculcar normas. Ese compañero que te fastidia y se cree invitado a las conversaciones más privadas, seguramente fue un niño al que no le enseñaron a respetar el espacio de los demás.

La palabra “trauma” no la uso por gusto, resulta que muchas personas creen que si corrigen a sus hijos y les inculcan normas, los van a traumatizar. Son muchas las personas que confunden autoridad con maltrato y guía con verdugo. El título se debe a que quiero lograr un mayor impacto en los padres que creen que al dejar que sus hijos hagan lo que quieran, les están haciendo bien.

Esas personas que no soportamos, que se meten en la fila, que escupen en la calle, sobornan, hacen trampa, eructan en la cara de sus acompañantes, rayan en cualquier parte diferente al papel, destruyen lo que no les pertenece, usan sin preguntar al dueño, se hacen los dormidos para no ceder el puesto, usan a su amigo médico para que le dé una incapacidad, en fin, esas personas que parecen no notar que perturban a los demás y hacen imposible la convivencia, son aquellas que carecieron de padres “traumatizantes” que les ayudaran a entender que hacen parte de un gran sistema llamado humanidad y que hay normas que hay que cumplir, no por capricho sino porque incumplirlas implica atentar contra los otros miembros de la sociedad.

No me estoy basando en ninguna teoría de pedagogía o por lo menos no de forma consciente, estoy usando el sentido común que me dice que hay cosas que son molestas y que no hace falta esperar a que se cree una ley que las prohíba para dejar de hacerlas. Pero como lo aprendí de una persona de la que tristemente nunca supe el nombre “El sentido común es el menos común de los sentidos”.

En vez de gastar tiempo tratando que tu hijo sea el futbolista que tu no fuiste, enséñale que su bienestar no puede ser la causa del malestar de los demás.

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