lunes, 23 de septiembre de 2013

TU REUNIÓN



Cuando era un niño de unos seis años, conocí a un niño muy soñador que solía jugar a que rescataba a sus amiguitas de un gran peligro, era un tanto llorón y a veces algo insoportable, aunque no era el mejor estudiante, tenía buenas notas y cuando grande quería ser beisbolista. Cuando mi familia decidió cambiarse a vivir en la ciudad dejé de ver a aquel pequeño, pero en cambio comencé una amistad con un niño que me daba un poco de lástima porque siempre era el último en entender los chistes y generalmente caía en las trampas de nuestros otros compañeros. Muchas veces traté de defenderlo pero siempre terminaba empeorando las cosas. A los doce años dejé de verlo y me hice amigo de un niño desaliñado que creía ser un gran conquistador, él era muy mal estudiante y tenía una influencia muy negativa en mí así que mis padres decidieron cambiarme de colegio para evitar que perdiera el rumbo. En el nuevo colegio intente seleccionar mejor mis amistades y así conocí a varias personas más: al que perdía muchas materias pero se las arreglaba para no perder el año, el amigo universitario que fue atropellado por las materias del primer semestre, a alguien que sabía muy bien cómo moverse en la universidad y entendía muy bien cómo se puede estudiar y aprender mucho aunque no se saquen las mejores notas. También aprendí de un ingeniero autodidacta, copié las ideas de un emprendedor muy apasionado. Lo divertido es que todas estas personas nacieron el mismo día que yo, tienen mí mismo nombre y son idénticos a mí.

Algunas veces siento que yo mismo he sido una infinidad de personas a lo largo de mi vida, algunas convivieron en tiempos parecidos pero la mayoría vivió en momentos diferentes. Cuando lo veo de esta forma prefiero pensar que así debe ser. Parte del aprendizaje de la vida es que debes dejar de ser para poder ser. Si el mundo cambia, uno también lo debe hacer.

Tal vez el miedo más grande surge al pensar que se perdió la esencia y se olvidaron los sueños. Seguramente cuando te remontas a tu infancia, te da tristeza ver que no eres nada de los que soñaste ser. A mí me consuela saber que eran los sueños de un niño, pero seguramente eso no funciona con todo el mundo. Entonces les hablaré de otro ejercicio que me ayuda mucho más.

Imagina que todas esas personas diferentes se reúnen contigo un día y comienzan a preguntarte sobre ti, tus logros, tus felicidades y tus tristezas. En mi caso sabrían que no soy multimillonario, que no soy un galán de novelas y mucho menos un beisbolista. Pero a cambio les diría que trabajo en algo que en vez de estresarme me revitaliza, no necesito ser un galán porque encontré a la quien tiene todo lo que podría querer en una mujer, tengo una familia ideal y unos amigos muy valiosos, en resumen les diría que hoy soy feliz. Como todos los asistentes a esa reunión son versiones de ti mismo pues me creerás si te digo que te aman más que nadie y lo único que deberían querer de ti es la felicidad, así que si con tu respuesta queda claro que lo eres, no deberías preocuparte si tuviste que flexibilizar tus metas y olvidar el sueño de ser actriz, médico, bombero o astronauta, siempre que eso sirviera para lograr tu felicidad.

Haz que las diferentes versiones de ti se sientan orgulloso porque tomaste las decisiones correctas para lograr la felicidad.

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